Palabras (antes de dormir)
Mas de una vez, no se si te acordás, me pediste que te hablara, que te cuente cualquier cosa. Estaba claro que no era ¨ cualquier cosa ¨ lo que querías escuchar. No sos de esas personas que se conforman con la palabra vacía, con cualquier cosa que se diga, por mas extrovertida o desafiante que sea. Cuando te hablo, no te imagino analizando las frases, buscándole a las palabras el sentido etimológico, ni tratando de comprender el cien por ciento de la idea que contienen.
Te imagino de otra forma.
Perdón, no solo te imagino, sino que descubro en vos, en el movimiento de tus ojos, en la posición de tu oreja, y en el simple esbozo de una sonrisa, tu juego. Imagino y te veo analizando y comprendiendo el armado casi inconciente y hasta me animo a decirte inocente de las oraciones, la simultaneidad de palabras y como estas se van uniendo, enredando y transformando en ideas y te veo reemplazando, buscándole el sinónimo, por el simple hecho tal vez de que - quizá es mas linda una frase con esa palabra antes y sin ese adjetivo que no hizo mas que restarle significado, ¿no? -
A veces no sé que decirte, y trato de ver situaciones de llevar mi imaginación a su extremo.
A veces imagino cosas mágicas. Que estoy volando por tu casa, por arriba de tu cama disfrazado de mosquito o de mosca y que me apoyo en el último estante donde esta el último libro que compraste en tus ultimas vacaciones donde decidiste que iba a ser tu primera vez en eso, en leer ese tipo de novelas. A veces pienso en contarte como te veo en una casa luminosa, probablemente en una esquina y digo probablemente porque las cortinas bordadas no me permiten ver el exterior. Te decía que te veo en una casa luminosa con el pelo atado y una camisa blanca. Así, pero lo más importante es la sonrisa que tenés.
Me cuesta hablarte por el solo hecho de hablar, yo al contrario que vos, le busco el sentido a las cosas. Intento con las palabras hacer una especie de catarsis compulsiva, de vaciamiento. Quiero hablarte como fue mi día, de lo que siento en ese momento, de como me gustaría dormirme en este preciso instante pero que disfruto mas de tu olor que de mis sueños y siento que no te alcanza y que probablemente después de haber estado charloteando, conversando, compartiendo y jugando con tantas palabras durante horas previas, ¿qué mas puedo decirte?
Y ahí es donde me equivoco.
Ahora que lo escribo me doy cuenta, puedo contarte mil cosas, estar hablando horas seguidas contándote mil historias, puedo confesarte los mil inventos que tengo en mi cuaderno tapa negra de espirales plateados, puedo contarte como me amargue ese día que fuimos al río y no tuve mejor idea que intentar pescar con una caña improvisada. ¿Te acordás? Sí, no me digas nada, no fue buena idea.
Como iba a saber yo que ese año en ese río no había peces y que solo había zapatos. Zapatos taco aguja, rojos, de todos los talles menos el tuyo.
Cuando saqué el primero (me acuerdo que era uno todo cerrado, izquierdo) te emocionaste, pensaste que quizá podía calzarte, te encantaba y no podías para de mirarlo, tenias la cámara de fotos y ahí, casi sin consultar, empezaste a retratarlo. Pero al primer intento, te diste cuenta que no te entraba, que tu pie había crecido y me pediste con la voz quebrada, con los ojos húmedos, que por favor consiguiera un zapato igual a ese pero de tu talle, y yo, erróneamente, en lugar de comentarte la dificultad del caso, explicarte que no dependía de mi, intenté durante horas (y ya sabes que fue en vano), conseguirlo.
Saqué de todo, chinelitas negras bordadas, sandalias de cuero rojo con brillitos en las cintas, zapatos de entre casa negros, pero nunca pude conseguir lo que querías.
Fue una desilusión y una gran frustración. Me sentí impotente, por no poder darte lo que querías pero entendí que no solo dependía de mí y trate de explicártelo, pero vos ya estabas distraída en otra cosa. Estabas hablando con la mariposa que reposaba, de espaldas, sobre la falda de tu pollera amarilla, la misma pollera, que según me contaste esa vez que nos subimos al avión para ir hasta ese lugar que siempre habías soñado, la habías usado cuando tu mejor amiga te dijo que se iba a vivir a otro país, a un país nuevo, lleno de sorpresas y de ilusiones. Y ahora que menciono las ilusiones, me doy cuenta que nunca te conté acerca de mi idea (que aun sigo manteniendo, porque me parece que puede funcionar) de alquilar el local que esta al lado de mi casa y poner un negocio. No se si prosperara, pero ya tengo la frase que va a aparecer en mi tarjeta de presentación., todavía me falta pensar en el nombre.
Por ahora se que va a decir: Ernesto Do Irreal, vendedor de Ilusiones. La idea es poder darle a la gente un servicio eficaz, un servicio que pueda brindarle en corto plazo las ilusiones que fueron acumulando con el correr del tiempo. Imaginate una persona que soñó toda su vida con conocer el mar, la playa, eso que para nosotros es tan común y cotidiano (no te olvides que fuiste vos quien decidió vivir en esta playa y ahora sos vos la que extraña un poco, el tumulto del micro centro porteño). Imaginate a esa persona sabiendo que no va a poder realizar su ilusión. ¿Por que no, con un poco de imaginación recrearle por lo menos por poco tiempo la sensación de caminar en la arena, de escuchar el intermitente rugido del mar, de sentir como el sol no te da descanso?. Con la ayuda de mis amigos, podríamos recrear el ámbito, los sonidos, y que esa persona por unos instante disfrute de eso que siempre soñó.
Hablando de sueños, el otro día me dijiste que soñaste con una tortuga gigante, de casi 2 metros de alto y 8 metros de diámetro, color verde brillante. ¿Que idioma hablaba? ¿Alemán?, se lo conté a mi terapeuta, me dijo que no le pregunte boludeses que a veces los sueños tienen significado y otras veces solo son sueños. Yo siempre sueño lo mismo, es como repetitivo. Sueño que estoy construyendo una casa, pero de arriba hacia abajo. Empiezo por el techo, después la planta alta, los pisos, las vigas, columnas, y por ultimo las bases. Cuando siento que la terminé, me alejo y veo que es una casa deforme, pero muy cómoda, con vista a la montaña. Una montaña llena de confites de anís (y eso que no me gusta el anís). Tiene un río esa montaña, un río de agua dulce que no puedo entender de donde viene, y cuando me despierto, casi por sorpresa me encuentro con los ojos rojos, mojados.
¿Te estoy aburriendo?
Decía, que vos no sos de esas personas que se conforman con palabras vacías y yo me pregunto si las palabras pueden no contener nada. A veces son solo palabras y otras veces son parte de frases inconcientes, inocentes diría, que no llevan a ninguna parte pero que pueden servir para que te duermas antes que yo, para que ganes minutos de sueños que alimenten mis palabras, y que den rienda libre a mi imaginación y alimenten estas palabras, que logran que te duermas primero, antes que yo, y así, de esa manera armar un circulo infinito de momentos, situaciones, ilusiones que después pueda exponer en mi local, como ejemplo de que todo es posible, como ser lograr, en este momento, donde ya casi estas dormida, el simple esbozo de tu sonrisa, tu juego.
5 huellas de curiosos:
Hola Tejedor, cuánto tiempo...
Muy hermoso esto, cada palabra.
Mil cariños
VOLVISTE!!!!!!!!!!!!!Yo quiero eso, alguien que pueda recrear para mi mis sueños, mis ilusiones
¡¡Colores compañero!! eso es, me gusta!!!
Se vino largo esta vez, después vuelvo y lo leo, pero me gusta verlo en colores. VIVA!
Salute!
Exquisito.
El anís es asqueroso y en frente de mi casa, no sé como hicieron pero construyeron una casa de arriba para abajo.
¿Leíste "Los árboles mueren de pié" de Alejandro Casona? me lo hiciste acordar, es mi favorito en la vida.
Si no, leelo.
Besos.
reAy, Tejedor!!! Dichosa ella y dichoso vos!!
Sabés? Me hiciste acordar al Gran pez.... eso de pescar zapatos hubiera encajado taaaaaaaaaanto en esa peli... imagino ese zapato rojo de brillante .....
Publicar un comentario en la entrada