19 de Junio
La primavera del 78 fue el escenario ideal.
Dicen, que en ese mes y en cualquier país ubicado estratégicamente por debajo de la línea del ecuador, florece el amor, la sabana suave y liviana, el día un poco mas largo, las flores, el verde, la vida.
Meses después, el auto no arrancaba, y los nervios, la ansiedad y una preocupación encubierta, sometida a la felicidad, tomaban las butacas delanteras del Renault 12 color marrón, que en ese momento conduciría inconcientemente al comienzo de esta historia.
Eran las 10 de la mañana del miércoles 19 de junio de 1979. Un día particular, de un invierno especial. Los catorce grados eran inconcebibles a esta altura del año y el sol colaboraba con la claridad que necesita cualquier conductor en estas situaciones para poder ver, claramente, que camino tomar. Eran tiempos de políticas duras, de armas en las calles y de asesinatos manchados de cinismo. Contradictoriamente la historia que sucedía dentro del Renault 12 opacaba cualquier intento de sometimiento a la fuerza de censura armada.
Respira hondo, tranquilizate, ya llegamos.
Tomaron la primer avenida con el acelerador a fondo. La bocina apuntaba a cualquier otro vehiculo que se intercediera en el camino, intentando apartarlos, limpiar el camino que en cuestión de segundos condenso los nueve meses de espera. El verano pasado en la playa con esa panza insinuante y el imaginario de lo que sucedería, el invierno, encerrados con la única estufa a gas que intentaba vanalmente darle calor a toda la casa, y ese momento previo, de la llave en su lugar y el esfuerzo casi eterno por darle arranque a la ilusión.
Respira hondo mi amor, en serio, ya estamos.
Las puertas de la clínica se abrieron de par en par, una enfermera (no recuerdo su nombre) desplegó, en cuestión de segundos, un operativo increíble condimentado por llamados por altavoz y sillas de rueda, una cama, un paño mojado y una mano agarrada a la otra y las miradas y de nuevo Ya está, ya estamos acá, esta todo bien. Y unas lágrimas y los lazos rubios, lacios, humedecidos, la mirada perdida y el doctor.
Meses después, el auto no arrancaba, y los nervios, la ansiedad y una preocupación encubierta, sometida a la felicidad, tomaban las butacas delanteras del Renault 12 color marrón, que en ese momento conduciría inconcientemente al comienzo de esta historia.
Eran las 10 de la mañana del miércoles 19 de junio de 1979. Un día particular, de un invierno especial. Los catorce grados eran inconcebibles a esta altura del año y el sol colaboraba con la claridad que necesita cualquier conductor en estas situaciones para poder ver, claramente, que camino tomar. Eran tiempos de políticas duras, de armas en las calles y de asesinatos manchados de cinismo. Contradictoriamente la historia que sucedía dentro del Renault 12 opacaba cualquier intento de sometimiento a la fuerza de censura armada.
Respira hondo, tranquilizate, ya llegamos.
Tomaron la primer avenida con el acelerador a fondo. La bocina apuntaba a cualquier otro vehiculo que se intercediera en el camino, intentando apartarlos, limpiar el camino que en cuestión de segundos condenso los nueve meses de espera. El verano pasado en la playa con esa panza insinuante y el imaginario de lo que sucedería, el invierno, encerrados con la única estufa a gas que intentaba vanalmente darle calor a toda la casa, y ese momento previo, de la llave en su lugar y el esfuerzo casi eterno por darle arranque a la ilusión.
Respira hondo mi amor, en serio, ya estamos.
Las puertas de la clínica se abrieron de par en par, una enfermera (no recuerdo su nombre) desplegó, en cuestión de segundos, un operativo increíble condimentado por llamados por altavoz y sillas de rueda, una cama, un paño mojado y una mano agarrada a la otra y las miradas y de nuevo Ya está, ya estamos acá, esta todo bien. Y unas lágrimas y los lazos rubios, lacios, humedecidos, la mirada perdida y el doctor.
Todo salio bien. Eran las 14:20hs y yo, tan pequeño, tan inocente, con el pelito claro y un grito acompañado de un llanto, bañado en sangre, fluidos, estirándome como no pudiendo creer que mis pequeñas piernas tuviesen la capacidad de ser estiradas, mis bracitos espásticos intentando agarrar cualquier cosa, como si eso lograse parar el miedo y la angustia por la perdida de ese lugar tan calido, tan hermoso, que me alimento y albergo durante los nueve meses mas hermosos de mi vida.
6 huellas de curiosos:
A pesar de la tardanza y de todo, feliz cumple Don Narciso !!!
Buen dato el suyo bloggera antes conocida como Almendra...
Bué, me retiré, ando apurada
Jaaaaaaa.. igual a las fotos de ahora... Feliz Cumpleañosssssss todo el día?
Ya está, después me acordé que yo también podía suprimirlo.
Saludos a Mónica :P
♪
feliz cumpleaños!
qué manera más hermosa de contar la historia de un amor...feliz cumpleaños!!
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