Confesión

Montevideo, 22 de Julio de 1965

Estimado Sr. Larreta:

Antes que nada, quiero felicitarlo por el éxito de su última novela. Considero que desde el principio de la historia usted fue muy cuidadoso en los detalles de su relato: el nombre de la protagonista, la época, el detalle de la tijera en el primer cajón de esa cocina tan venida a menos y gris, cocina que le sirvió como escenario perfecto para gran parte de su historia, pero también me atrevo a decirle que todo ese esfuerzo se diluye ante un importante detalle en el desenlace.

Si bien las historias de amor y desencuentro no son mis elegidas ni es el género que más me atrapa, debo admitir que en este caso ha sido un enorme placer participar de las líneas donde tan sutilmente usted logra describir la historia de amor provocada por esa dulce señorita llamada Dolores. También considero, en esta instancia, que debo agradecerle. Siempre fui un personaje secundario en el barrio, la panadería no estaba funcionando como lo había soñado. Mis clientes eran casuales, sólo pasaban por acá gracias al éxito de la casa de pastas que se inauguró en la vereda de enfrente, días después de mi panadería. Veía como todas las personas que entraban ahí, se quedaban ratos largos charlando con Fernando, el dueño, y después de un rato cruzaban a comprar el pan sin cruzar una sola palabra conmigo. Por eso que usted haya hecho que los dos personajes mas importantes de su historia, sean mis clientes y que entre ellos se entrelace una historia de amor, a mi me pone en un lugar que siempre soñé.

Pero no todo es color de rosas Larreta, mi resentimiento no se cura con terceros, en su relato seguí siendo un personaje secundario.

Y aprovecho esto para decirle que a mi no me engaña con palabreríos. En la tercera edición de la editorial Mansada, usted menciona que los personajes ¨…..se me aparecen en la calle, en el baño, y yo no hago mas que conversar con ellos e invitarlos a ser parte….¨ o donde usted comenta ¨….el hecho de mantener siempre al lector atrapado, utilizando como herramienta el suspenso, con el fin de que él mismo sea el que imagine el desenlace….¨ y la verdad creo que es un mentiroso.

A usted no se le ¨ aparecen en un baño ¨ los personajes, ni deja que el lector ¨ imagine el desenlace ¨, esas son solo palabras para cubrir la falta de sentido que descubrió en el final de su novela. No puede en este caso, aseverar que se trata de un final abierto, porque usted como creador de esta historia debería saber o por lo menos intuir quien fue el asesino de Dolores.

Trata de hacerle creer al lector que el asesino fue Ezequiel, ese enamorado utópico de Dolores.

Ezequiel conoció a Dolores en mi panadería; personaje romántico de esas épocas, quien después del primer contacto con ella no pudo detener su halo romanticista y haciendo uso de su dote intelectual, escribió durante los últimos meses cantidad inconmensurable de poemas y cartas donde tan fervientemente declaraba la pasión y el encanto que Dolores había sembrado en él durante sus esporádicos encuentros en la panadería, cartas y poemas que nunca se animo a entregarlas en persona, dada su personalidad tímida y retrospectiva.

Ezequiel generó en mí un sentimiento bastante particular. Cuando tenía su edad sufrí de la misma forma ese sentimiento que usted tan bien describió: el amor no correspondido y la pasión por una hermosa mujer que uno idealiza y por la cual siente como se le desgarra el alma.

Ezequiel era una persona increíble, un intelectual romántico, de esos que poco abundan en estos tiempos y de los cuales uno estaría orgulloso de ser su amigo.

Las cartas de Ezequiel a Dolores, eran hermosamente decoradas con jazmines perfumados que sacaba del árbol de la panadería, contenían palabras y sentimientos que hicieron que en más de una ocasión el alma se me desgarrara y la cara se me llenara de lágrimas. En cambio, Dolores, que si bien en un primer momento supo disfrutar las cartas y poemas que él había escrito para ella, con el tiempo comenzó a sentir rechazo por Ezequiel ya que el amor que sentía por Fabián su pareja, era mucho más fuerte que la emoción de recibir las cartas. Fabián nunca termino de convencerme, supongo que puede ser por su forma de ser, tan viril y machista, en contraste con Ezequiel, a quien supe apreciar.

Por estos motivos y por los comentarios descuidados de Dolores hacia las intenciones de Ezequiel, es que paulatinamente y con el avance de su historia, comencé a sentir cierto rechazo hacia ella. No entendía como podía rechazar las palabras tan hermosamente hiladas y con tanto contenido que Ezequiel le dedicaba con tanta pasión y que ella rechazaba de forma tan poco amena.

Mi odio por Dolores genero que le escriba esta carta.

Usted relata de forma muy detallada las ultimas horas de vida de ella, quien después de realizar las compras en la panadería, se opone fervientemente a recibir una de las ultimas cartas que Ezequiel le había escrito.

Esta fue la última vez que se la vio caminando por el barrio.

El punto es que usted en su relato omite sin intención alguna, detalles que considero indispensables para el desenlace de la historia.

Dolores sufría de grandes dolores en sus manos, su trabajo de artesana había generado una deformación en la musculatura de sus dedos. Ese último día, el día del cumpleaños, Dolores se dedico a realizar compras para la cena que realizaría en su casa. Es ahí cuando ella me pide, luego de rechazar la carta que Ezequiel había escrito, si no me molestaba ayudarla a cargar las bolsas y ver si le podía solucionar un problema con el horno, a lo cual accedí de forma inmediata, aprovechando que ese día, en la panadería, estaba mi sobrina.

Camino a su casa, Dolores me confiesa el rechazo que sentía por Ezequiel, por sus cartas, sus poemas, lo cual no podía entender. Pero lo que mas me dolió fue ver como una persona, que consideré hermosa por mucho tiempo, desplazaba a Ezequiel hacia un lugar de inexistencia, hacia un lugar secundario. Sentí por un momento que estaba hablando de mí.

Buscando algunas herramientas que me permitieran poder desarmar el horno para ver que le pasaba, descubrí en el primer cajón una tijera bastante grande y afilada.

Todo era confusión, Dolores seguía diciéndome barbaridades de Ezequiel y no hacia más que llenar mi mente de malos y perversos pensamientos. No se que pasó con el horno, ni con la conversación, lo único que recuerdo es ver a Dolores sirviéndome un té, en agradecimiento por el favor.

Es ahí donde haciendo provecho de la situación y en el momento donde ella se disponía a apagar la hornalla, recuerdo la tijera en el cajón del aparador.

Al rato, Dolores estaba tendida de espaldas sobre el piso de esa cocina gris con su blusa blanca manchada de sangre.

Al tiempo tuve que cerrar la panadería y salir de viaje. La muerte de Dolores había provocado que Ezequiel entre en un desesperado cuadro de depresión y tomara la decisión de suicidarse.

Él era uno de mis mejores amigos y por tal motivo me pedía que le entregara las cartas a Dolores. El solo hecho de pensar que había tomado la determinación de acabar con su vida por mi culpa, hizo que tome la decisión, estimado Larreta, de confesarle que el asesino de Dolores fui yo.


Atentamente,

Jorge W. Uranda


2 huellas de curiosos:

Almendra dijo...

De excelencia.

Vengo a leerlo para desconectarme de una realidad bastante amarga que acecha allá afuera. Aunque esté comiéndome el pote de dulce a cucharadas.

Fantástico relato. ¿A esto se le llama realismo fantástico?

abrazo

maria dijo...

Qué pena. Para mi Dolores estaba enamorada de Ezequiel pero no se daba cuenta =)

(fuera de broma y como siempre, excelente! y la foto, espectacular)
Besos P.
maria

 
Tejedor | Designed by Techtrends | © 2007-2008 All rights reserved